Durante la mañana del martes 6 de julio, se celebraba la primera ronda de comparecientes en la comisión parlamentaria que investiga el 11-M. Como ya hemos informado, un camello no es más que un caballo pasado por una comisión parlamentaria, y, por tanto, esta comisión no va a clarificar los hechos sino que se trata de un cuadrilátero boxístico donde populares y socialistas se acusan mutuamente de ser unos perfectos embusteros.

 

Los primeros comparecientes han sido don Eduardo Blanco, portero de una finca cercana al lugar de Alcalá de Henares donde se descubrió la famosa furgoneta cargada con detonadores y cintas que recogían versículos del Corán. Para los propósitos de las fuerzas políticas, que nada tienen que ver con esclarecer los hechos, este episodio es clave, dado que demostraría si el Gobierno de Aznar mintió al atribuir durante las primeras horas la autoría de la masacre al grupo terrorista ETA.

 

Pues bien, el portero de la finca, don Luis Garrudo (a quien el diputado José Antonio Labordeta llamó "garrulo", provocando la alegre jocosidad de sus señorías) manifiesta que vio a algunos hombres entrar en la furgoneta. Por el contrario, el comisario de policía de Alcalá, Eduardo Blanco, afirma que nadie entró en la furgoneta hasta su posterior traslado a la comisaría de Canillas. Hasta allí, empate técnico. Sin embargo, Luis Garrudo comenzó a flaquear cuando los diputados populares le insistieron en si había visto esa inspección o se la habían contado, momento en que su testimonio empezó a flaquear. En definitiva, el PP ha ganado el primer round y sus diputados afirman que el Gobierno Aznar no mintió al atribuir a ETA la autoría en aquellos momentos de confusión.

 

Es igual, lo cierto es que muchos españoles entendieron que sí mentía y decidieron acudir a las urnas el 11-M dando la victoria a Zapatero. Como estaba previsto, la comisión no consuela a ningún familiar de las víctimas.