Juan María Nin ha recibido el encargo de estudiar el modelo italiano: todos los activos de La Caixa acabarían en manos de una sociedad anónima de la que la Fundación Caixa poseería siempre la mayoría (por encima del 51%). La entidad resultante sería igualmente inexpugnable pero ya no sería una caja. Fue el sistema utilizado por Cariplo, la caja más grande del mundo, que acabó convertida en Intesa, y funciona ahora como un banco. El Banco de España no lo ve mal, aunque prefiere la conversión de las cajas en sociedades anónimas por el método de las cuotas participativas, pero la Generalitat se opone, dado que perdería todo control sobre la entidad. José Vilarasau también ordenó un informe sobre la conversión cuando supo que iba a ser relevado por Ricardo Fornesa Situamos el titular entre interrogaciones, no porque dudemos de que el asunto está en estudio, sino porque la transmutación de cajas en bancos, en sociedades anónimas, es una especie de tabú al que todo el mundo se refiere en mitad de eufemismos, amén de un proceso que nunca camina en línea recta (con la excepción, quizás, de la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, donde se hizo a lo bestia). En resumen, se puede defender en teoría que la conversión de La Caixa en una fundación no supone su conversión en sociedad anónima. El papel lo soporta todo.

En concreto, los hechos son éstos: Juan Maria Nin, director general de La Caixa, ha recibido el encargo de estudiar la transformación de la entidad en una fundación, siguiendo el modelo italiano. Quizás por el hecho de que la denominación "fundación" evoca una entidad sin ánimo de lucro, se entendería que la naturaleza jurídica de una entidad mutual (institución-empresa, la denominó el Tribunal Constitucional) no cambiaría si se convierte en fundación. Eso conllevaría la agrupación de todos los activos en una sociedad anónima, pero siempre bajo la condición de que dicha sociedad anónima tuviera más del 51% del capital en posesión de La Caixa. Así, dicen los partidarios de la fórmula, se conseguiría acceder al mercado como una sociedad anónima sin serlo. En otras palabras, se conseguirá un 50% más de acceso a los mercados, la excusa habitual para la transformación de cajas en SA.

Pero lo cierto es que este modelo lo inventaron los italianos, y ya se sabe donde acabó: en la transformación monda y lironda de las cajas en bancos. El caso más singular es el de Cariplo, la entidad milanesa que encabezaba el ranking mundial de cajas (la segunda siempre era la española Caixa) y que sencillamente acabó convertida en Grupo Intesa-San Paolo, de "banca federada".

En cualquier caso, el primer encargo que ha recibido el nuevo director general de La Caixa, Juan María Nin, consiste en estudiar la posibilidad. Y el intento no es nuevo. Ya en su día, José Vilarasau encargó el mismo estudio, para que La Caixa acabara dependiendo de Fundación La Caixa. Por pura casualidad el encargo lo hizo justo cuando ya se olfateaba su relevo en la cúpula de La Caixa por Ricardo Fornesa.

¿Y que piensa la autoridad? Pues al Banco de España le es igual. El neoliberal gobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez es muy anti-cajero, y quiere la conversión de las cajas de ahorros en sociedades anónimas. Para ello, MAFO emplea el eufemismo del necesario "control del mercado", y pugna porque las cajas lancen emisiones de cuotas participativas, acciones con derechos económicos y sin derechos políticos… que todo el mundo sabe acabarán reclamando derechos de voto y, con ello, su conversión total o parcial en sociedades anónimas. La Caixa siempre se ha negado a emitir cuotas. De hecho, el último encontronazo entre La Caixa y el Banco de España, antes de la elevación a la Presidencia de Isidro Fainé, fue el holding industrial de la caja catalana. En efecto, el ‘holding' tendrá el solicitado control de la bolsa pero a Mafo le gustaba más la vía de las cuotas, porque, al final, éstas sí supondrán la conversión en sociedad anónima.

Ahora bien, si el Banco de España aprobaría la conversión en banco no ocurre lo mismo con la Generalitat, porque perdería control sobre la entidad. Ojo, la ley catalana permite a las entidades de ahorro catalanas una mayor independencia respecto al Gobierno autónomo que en el resto del país pero, de cualquier forma, su capacidad de influencia en La Caixa quedaría muy mermada con una Caixa-Fundación-Sociedad Anónima. 

Por ahora, estamos hablando de un estudio, pero la posible transformación de La Caixa en fundación se enmarca en la marea mundial que trata de fagocitar todo tipo de agente económico –sea mutualidad, cajas de ahorros o cooperativas- en sociedades anónimas, las únicas dignas de operar en un mundo económico que vive aherrojado por los mercados financieros.