Y descendió la luz al mundo,
y no amaron los hombres a la luz,
y se entregaron a las tinieblas,
ya que eran sus obras malas.
Y aquel que obra mal, odia la luz,
y para que no le acusen sus obras,
rechaza el caminar hacia la luz.
Pero el que según la verdad, obra,
se acerca a la luz, y que sus obras
de manifiesto la verdad pongan,
porque cara a Dios, han sido hechas.
 
Planta fuerte y sana, es la libertad;
entre las piedras, se aclimata mal,
o entre espinas, o en los caminos
que la multitud pisotea sin piedad.
 
¿Por qué tanto odio,
por qué, el aplastamiento universal
de cada conciencia en su libertad?
Rabian ante el amor que aborrecen,
ríen de un Dios inerme en su bondad,
que al uso de legiones de ángeles,
para defenderse renunciará.
Los que por el odio se mueven,
entender la misericordia no pueden,
y en su aparente terrena impunidad,
y alimentándose de la injusticia,
demostrar un amor, que no sienten, quieren.