Josu Jon Imaz no sólo ha hablado de la actualidad más inmediata de Repsol después de que Donald Trump les retirara el permiso para exportar petróleo desde Venezuela, en el foro ‘Wake Up, Spain!, sino que ha dado una gran lección energética. Es más, a pesar de ser un petrolero y gasero, ha defendido la energía nuclear en España: “Me daría mucha pena que perdamos proyectos como Almaraz”.

El CEO de Repsol ha huido del cinismo y del hecho de que si no hay nuclear se va a consumir más gas, algo que beneficiaría a la compañía que dirige, para subrayar que “la energía renovable es fantástica, pero es intermitente y se necesita una energía base (algo que al descartar el carbón sólo puede venir de la nuclear o del gas)”. “Si cerramos la nuclear, vamos a usar más gas, depender más de las importaciones y generar más emisiones”, ha destacado... todo un aviso para la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen.

También se ha mostrado preocupado por lo que pasará con Navalmoral de la Mata y la comarca Campo Arañuelo, si cierra la central extremeña. Por ello, ha añadido que “cada vez que se cierra una industria, se pierden sueldos de 4.000-5.000 euros al mes, y muchas oportunidades para la gente joven de un país”. Eso sí, cree que “se tomarán las decisiones correctas y la nuclear seguirá operando en España”. Esperemos que acierte.

Aviso para Sara Aagesen: “Si cerramos la nuclear, vamos a usar más gas, depender más de las importaciones y generar más emisiones”

El primer ejecutivo de Repsol no ha perdido la ocasión de referir que, tras el fin del impuestazo (batalla que “ha ganado la sociedad y la industria española”), todo el sector energético comienza a invertir (por ejemplo, Repsol lo ha hecho en la Ecoplanta de Tarragona). Asimismo, ha apuntado que en el mundo está aumentando el consumo de petróleo y la demanda de gas natural (que juega un papel importante en la transición energética), pero tenemos que “seguir siendo capaces de que haya oferta y no restringirla por razones ideológicas porque lo acaban pagando los consumidores y la competitividad de las industrias” y defender “más tecnología y menos ideología”.

Imaz ha señalado que “hay vocación y discursos de reindustrialización”, pero por ahora se traslada poco en la práctica. En su opinión, “la industria no necesita leyes, sino reconocimiento del papel del inversor y del empresario, al que se ha puesto en la diana con una duda continua, y eso es muy malo”. “Necesitamos inversores y empresarios, que son los que permiten que se invierta y haya empleo, confianza...” y para ello, debe haber “estabilidad regulatoria, incluida la fiscalidad”. “No queremos que nos cambien las reglas de juego a mitad de partido en cualquier país del mundo”, ha destacado, algo que tras lo sucedido en Venezuela no es baladí.

Claro que Imaz también ha tenido algún que otro tirón de orejas para Europa, donde cree que “nos tememos que creer que queremos industria”, y ha criticado que la industria sólo represente el 15-16% del PIB y siga sin cumplirse el objetivo de llegar al 20% que la Comisión Europea fijó para 2020. Al hilo del informe Draghi, Imaz ha referido que se ha convertido “en la Biblia que hay en la mesilla de noche” en muchos hoteles de EEUU, a pesar de que incluye un “cambio radical en las políticas económicas y en lo referente a la energía”, al poner el foco en el famoso trilema energético: garantía de suministro, competitividad a través de un precio asequible y descarbonización. Eso sí, sobre este último punto, Imaz ha subrayado que “no puede ser el único objetivo” y ha criticado que Europa ha perdido industria y ha reducido emisiones, pues como su precio del CO2 es muy elevado se han dado fugas a Turquía, China, etc. “Hoy estamos metiendo las emisiones debajo de la alfombra”, ha añadido, y ha insistido en que “durante todo su ciclo de vida un coche con motor de combustión que use combustibles renovables emite menos que uno eléctrico”.