En pleno fin de semana, Donald Trump ha decidido anular las licencias de exportación de petróleo venezolano de varias empresas del ramo -también norteamericanas-, entre ellas la española Repsol.

Al tiempo, y esto es más relevante para el mundo, aunque no para Repsol, el presidente norteamericano se ha enfadado con Vladimir Putin y ahora le amenaza con aranceles de entre el 25 y el 40% a la exportación de gas y crudo rusos, que no olvidemos es de lo que vive la economía rusa, primer productor de gas del mundo.

Vamos con lo primero: llama la atención que un tercer país pueda vetar a una empresa española sus exportaciones de petróleo venezolano cuando la mayoría de ese crudo viene a las refinerías españolas. Es algo que puede permitirse, aunque no debería, Estados Unidos, por su omnipresencia en el mercado energético mundial... y en el resto de mercados. No es la que más, ni mucho menos, pero Repsol también necesita estar a buenas con la Casa Blanca, acostumbrada a ampliar a conveniencia su ámbito de actuación soberana... de hecho y de derecho.

¿Y por qué Repsol exporta crudo 'chavista', sobre todo a sus plantas refineras en España? Pues porque el régimen de Nicolás, además de una tiranía, es un desastre. Posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo... pero su población pasa hambre. Bueno, Nicolás no, que está bastante gordo. No tiene tecnología petrolera, porque es un Gobierno nesciente en un montón de materias.

Así que Repsol estuvo en Venezuela y el Régimen chavista, que además de déspota es mal pagador, le debe 467 millones de euros que le pagará en el tiempo... en petróleo.

Sí, la petrolera estatal PDVSA tiene muchas reservas de crudo pero mal crudo y poca tecnología para hacerlo bueno.

Por tanto, para poder cobrar su deuda -para la que ya ha provisionado 600 millones de euros, por si acaso- resulta que la empresa presidida por Antonio Brufau se ve obligada a 'exportar' crudo de aquel país hispano hacia España y aquí refinarlo en sus plantas. A partir de ahora, en principio, no podrá.

En paralelo, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, advirtió a Nicolás Maduro que como se le ocurra la nueva melonada de hacerse con el control de una región (El Esequibo) que tiene en disputa en Guyana, deberá atenerse a las consecuencias. Maduro ha respondido en su línea: primero ha llamado "imbécil" a Rubio pero al mismo tiempo ha reculado en sus pretensiones sobre la región en disputa. Sabe que, tras haber conseguido imponer su fraude electoral en las elecciones del pasado mes de julio, su régimen sólo caerá por la fuerza. Por ejemplo con un golpe militar interno apoyado desde el exterior por la marina y la aviación norteamericanas. Es la nueva guerra del petróleo, que sí, puede provocar guerras de las de siempre.

Y mientras todo esto ocurre en Hispanoamérica, Donald Trump ha hecho algo más en este largo fin de semana: ha amenazado a Rusia con imponer aranceles de entre el 25 y el 50% al petróleo y al gas procedentes de Rusia si no acepta un alto el fuego inmediato en Ucrania.

Sí, la economía rusa vive del gas, del que es el principal productor del mundo pero siempre, al igual que Venezuela, tendrá a China e India para comprarle su gas.

Bueno y también a la débil Europa, con ejemplos como el de un lamentable Pedro Sánchez que presume de solidaridad con Ucrania mientras continúa comprando gas a Putin.

Esto es la nueva guerra del petróleo. No hay muertos, y la batalla se libra en dólares y en euros. Además, sólo Donald Trump, eso no se lo pueden negar ni sus peores enemigos, está buscando la paz en Ucrania, Europa sigue en modo bélico y con una guerra muy especiar y comodona: yo pongo la armas, y vosotros, ucranianos, ponéis los muertos.

Ahora bien, ¿Donald Trump está provocando el caos en el comercio mundial? No, además, por ahora amenaza y no ejecuta, según su peculiar sistema de lanzar un órdago a toda las manos, para hacer que el contrario reaccione y llegue a un acuerdo. De este modo, los únicos que sufren son los mercados bursátiles, que reaccionan de inmediato ante amenazas que sólo se ejecutarán en el futuro. Pero eso creo que no consolará a Repsol.   

Por cierto, observen que Trump amenaza a Putin con aranceles. Sin embargo, a Irán, segundo productor de gas del mundo, le amenaza con bombardearles si continúan con su programa nuclear. La diferencia estriba en que Trump, algo que no comprende Europa, cree que Putin es Occidente y debe volver a Occidente. Sin embargo, Irán es enemigo declarado de la civilización occidental y hay que enseñarle los dientes. ¿Y saben una cosa? Donald tiene razón. Se ve que lee Hispanidad.

El mundo vive una nueva guerra del petróleo. Mejor guerras económicas que militares... A corto plazo, las económicas no provocan muertos. Ahora bien, esto no va a consolar a Repsol que pasaba por allí y ha recibido la bofetada.