Liberalismo es preocuparse por la economía del individuo y de las familias, en definitiva, de los ciudadanos; capitalismo es preocuparse por la economía de los inversores y de las grandes empresas, es decir, del capital.

Que sea capitalismo de gran empresa -el que utiliza el dinero de los primeros para beneficiar a las segundos- o que sea capitalismo de Estado (socialismo), es casi lo mismo. El enemigo de la libertad económica, y diría que de todas las libertades, es lo grande, sea lo grande privado o público, Estado o banco de inversión, que eso es secundario.

En definitiva, cuando parecía que el señor Bush iba a completar su estancia en la Casa Blanca con un gesto de valentía, dejando quebrar a los especuladores causantes de la crisis, no se ha atrevido a romper "el Sistema", es decir, el mismo sistema del poder al que él pertenece, y se ha decidido por la cobardía de la rendición frente a los progres. Estados Unidos, y con él el mundo entero, se ha rendido ante Wall Street, ergo la crisis no sólo continuará sino que se extenderá a toda la economía mundial y se convertirá en crisis permanente, un concepto que debemos asumir.

Lo más curioso es que los dos candidatos a la Casa Blanca le han aplaudido, de lo que debemos deducir que el poder se protege a sí mismo con gran entusiasmo. Y todo ello el día de San Mateo, patrón de banqueros, intermediarios, inspectores de hacienda y, en definitiva, todo aquel que trabaja con el dinero de los demás.

Y no lo duden: los progres son muy poco liberales pero muy capitalistas. Por eso, el completo informe sobre la crisis económica que publicó el diario El País el domingo. Aunque algunos de los firmantes resaltaban el riesgo de que todos paguemos la codicia de unos cuantos, el propio editorial polanquil del suplemento dedicado a la crisis acababa concluyendo que "las autoridades estadounidenses están gestionando este apabullante desorden con innegable profesionalidad". ¿A que es bonito? Con tal de defender al especulador, El País es capaz hasta de aplaudir a George Bush.

La verdad es que Bush se ha vendido a la plutocracia a la que pertenece: en lugar de permitir que quiebren los especuladores, a pesar del daño que puedan sufrir -es cierto- algunos ahorradores particulares -pero no todos- Bush no se ha atrevido a dejar caer en los provocadores de la crisis, especialmente los bancos de inversión y los  grandes fondos, y ha actuado según costumbre, con el pobre pagando el agujero del rico, pero a la americana, a lo bestia. Para que se hagan una idea, por el momento, sólo por el momento, el rescate de Bush le va a salir al Estado por la friolera de 500.000 millones de euros. Pues bien, los cincuenta bancos que entraron en crisis en España durante los años setenta y ochenta costaron a los españoles algo más de 6.000 millones de euros. La diferencia entre esas dos cifras nos muestra la magnitud de la crisis.

Y lo malo es que al rendirse frente a Wall Street fuerza a Europa y Asia a hacer lo mismo.

Y no lo duden: la especulación continuará, y los progresistas españoles la apoyarán con entusiasmo.

Progresismo y plutocracia empiezan por la misma letra. Por algo será.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com