Sr. Director:

En la actualidad, Europa sufre una debilidad conceptual que le impide hacer frente con decisión a los desafíos globales: así lo ha manifestado el cardenal Parolin en una reciente entrevista.

Europa tiene buenos anticuerpos para resistir crisis y desafíos, pero el problema más grave es la falta de ideas de futuro que permitan responder con determinación a los competidores internacionales. Esa fragilidad conceptual radica en la relación del continente con su propia historia.

Europa tiene un profundo, y en parte justificado, miedo a su pasado. Sin embargo, junto a episodios oscuros de nuestro pasado, hay muchos más momentos luminosos.

Para afrontar los grandes desafíos de la actualidad en ámbitos como la cultura, las migraciones y el comercio, Europa debe reencontrarse consigo misma. Sólo así podrá desempeñar un papel importante en el actual escenario geopolítico.

Además, el cardenal Parolin lamentó que, durante los debates sobre una Constitución Europea, los Estados miembros descartaran una referencia explícita a las raíces cristianas del continente. En su lugar se optó por una mención genérica al patrimonio cultural, humanista y religioso. Esta decisión debilitó la conciencia de los pueblos europeos sobre su pertenencia a un proyecto común de integración  y  erosionó el sentido de identidad europea.

En lugar de construir Europa sobre fundamentos y raíces profundas, las cristianas, se ha preferido un consenso de valores cambiante. Pero el futuro sólo puede edificarse sobre el pasado. 

De  hecho, fue la fe cristiana y la Iglesia Católica y sus instituciones las que pusieron las bases sobre las que se construyó  la Europa confesante, la Europa que no tenía miedo de llamarse cristiana.

¿Por qué hoy se evita hablar de Dios, de Jesucristo, de la Iglesia, de las virtudes cristianas personales y sociales que tan necesarias son en el momento presente?