Cinco fallecidos y cuatro heridos en la mina asturiana de Cerredo, en Asturias, frontera con León, se supone que por una explosión de gas.
Le faltó tiempo a la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, no para abrazar a las familias de las víctimas, lo que podía haber resultado útil y pertinente, sino para amenazar a no se sabe quién, aunque se presupone que a la empresa, con todo el peso de la ley, o sea, de su Gobierno, porque estas cosas "no pueden ocurrir en el siglo XXI".
Yolanda Díaz, sobre la explosión mortal en la mina de Cerredo: "El peso de la ley va a caer sobre las posibles responsabilidades. En el Siglo XXI no puede morir nadie así. Nadie puede enfermar ni puede sufrir en una mina lo que ha pasado"https://t.co/rscwNdtsL3pic.twitter.com/EKpZJMvIbY
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) March 31, 2025
¿Y qué tiene de diferente el siglo XXI del XX, salvo que la tontuna progresista piensa que hoy estamos mejor que ayer porque es hoy y mañana estaremos mejor que hoy porque es mañana?
Yolandísima ya no es un tucán que puede resultar cómico en su pedantería. El lunes, la señora Díaz se comportó como un ave carroñera y ensoberbecida. Carroñera porque aprovechó el dolor y, en muchos, la indignación que provoca una tragedia para 'liderar' la rebelión contra los culpables. ¿Y quién el culpable? Ya encontrará a alguien, no lo duden, y con evidencia científica. Es como la gota fría de Valencia: todo se arregla si dimite Mazón.
El orgullo siempre resulta injusto, porque efectivamente, la culpa la acabará teniendo, o bien el empresario, sujeto apriorístico de todos los males, todos los errores y todos los egoísmos, según la comunista Díaz, o la ultraderecha, que algo habrá tenido que ver con la explosión del gas.
Y así, cuando hallamos humillado al culpable, una tarea fácil si el Estado está contigo, todo se habrá solucionado. Los muertos descansarán en paz.
La actitud carroñera es muy propia de la izquierda, que en el lodazal de las tragedias se mueve a las mil maravillas.
Algunos preferimos rezar por las víctimas y por sus deudos, e insistir a las autoridades en que exijan todas las medidas de seguridad posibles en trabajos de riesgo.
He dicho medidas, no protocolos, que no son otra cosa que una horterada sindical que pretende convertir la prevención en sistema, cuando las prevenciones no pueden imponerse como sistema porque cada caso es cada caso y cada sector productivo y cada fenómeno político o climatológico tiene unas características distintas.
Ahora bien, presentarse ante las cámaras y amenazar no se sabe a quién, pues aún no ha encontrado al culpable -lo encontrará, no lo duden, que ya los tiene prefijados- es propio de una ave carroñera, la que sabe aprovecharse de los cadáveres y se posiciona un tanto orgullosa en su papel de vengadora... de todavía no sabemos quién.
Este gobierno empieza a dar un poquito de asco.