Alberto Núñez Feijóo critica mucho y bien a Sánchez (hay que reconocer que esa tarea no es muy compleja), pero propone poco y mal. Además, tampoco resulta tan difícil criticar a ese desastre llamado Pedro Sánchez.  Y lo digo, hoy, viernes, 31 de enero, festividad de San Juan Bosco, apenas horas después de que don Alberto planteara su plan de vivienda, que, por fin, supone su regreso a los planteamientos positivos. Y las ideas que expuso para vivienda no eran malas, es más iban en la dirección correcta, aunque siempre en el estilo pepero: ni una mala palabra ni una buena acción.

Desde hace 25 años, el PP no gana elecciones, ni tan siquiera cuando consigue mayoría absoluta. Es el PSOE el que las pierde... cuando ya no puede ocultar sus barbaridades

Así, Feijóo no concretó cuántas viviendas de precio tasado habría que construir en esos cuatro años, en los que pretende aumentar el porcentaje de vivienda protegida sobre el total, ni quién debería construirlas y, fundamental, con qué modelo ni cómo va a hacer para obligar a comunidades y autonomías a liberalizar suelo. Porque claro, si el PP tan sólo se diferencia del PSOE en que no comete 'sanchinadas', entonces no llegará a la Moncloa.

En cualquier caso, hay crisis en el PP. Feijóo es poco líder: oscila entre Isabel Ayuso y Juanma Moreno. A la primera le teme tanto como le teme Moncloa, del segundo le preocupa su desapego, que apenas esconde el espíritu del líder andaluz: te apoyaré siempre pero no me comprometeré contigo nunca. Mientras no falles me estaré quiero... para irrumpir como alternativa sensata en cuanto yerres.

De Ayuso mejor no hablar. Yo estoy seguro de que la madrileña aún no quiere ser presidenta del Gobierno, de que todavía no está donde la sitúan en Ferraz, donde aún le temen más que en Génova. Y en Moncloa le temen, están realmente obsesionados con Ayuso porque muestra bastante más brío ante las mentiras de ese gran embustero que es Pedro Sánchez, que el líder de la oposición.

Más peor: Feijóo no tiene equipo. Elías Bendodo es PP andaluz,González Pons es un peligro progre y ligeramente centrífugo. Para las hemerotecas su artículo, en un diario valenciano, alabando a la obispa chiflada que puso a caldo a Trump y con argumentos 'queer', de lo más profundos. Pons es otro feministo, amante de la mujer objeto, que podría militar en el PSOE y nadie sospecharía nada.

PP: o se recristianiza o muere. Porque si no se recristianiza, se queda sin personalidad y no se distinguirá del PSOE. Eticamente, el PP es progresía de derechas. O sea, más de lo mismo

¿Qué decir de la número dos del PP, Cuca Gamarra? Cuca Gamarra nunca toma partido más que por sí misma y encima nos ha salido woke. Su apuesta por la ultraprogre Kamala Harris, a la que los estadounidenses mandaron a paseo, le perseguirá por toda la era Trump. Cuca no hace perrerías a nadie, cierto, pero tampoco ayuda a nadie. Cuca no se moja ni en la ducha.

Cuca Kamarra

 

Encima, Feijóo carece de cabeza económica. Ahí Sánchez le gana, a pesar de que la política económica española es un desastre y aunque la gran engañifa de la interpretación estadística socialista haya cundido en todo el país. En pocas palabras, que hasta Feijóo ha aceptado que la economía española va bien cuando lo cierto es que va fatal, porque cada día somos más pobres.

En Economía, Feijóo debe abandonar su socialdemocracia de derechas y volverse un poquito liberal. Por ejemplo, defender la propiedad privada. Ayer, volvió a perder una gran oportunidad de concretar su economía en materia de vivienda, ante un país que sufre la okupación salvaje y la inquiokupación. Bastaría con que hubiese propuesto la expulsión inmediata de los sinvergüenzas que asaltan una vivienda ajena y bastaría con que propusiera el periodo de desahucio de aquel inquilino que no paga el alquiler. Si en verdad no puede hacer, habrá que ayudarle entre todos, pero no a costa del propietario, que es lo que hace el PSOE.

[relate:3]

En Economía, Feijóo debe abandonar su socialdemocracia de derechas y volverse un poquito liberal. Es decir, defender la propiedad privada.

Pero el punto más importante, y en el que también Feijóo resulta inane, es la cosmovisión del PP. Dicho de otra forma: el PP, o se recristianiza o muere. Porque si no se recristianiza, se queda sin personalidad y no se distinguirá del PSOE. Éticamente, el PP es progresismo de derechas. O sea, más de lo mismo.

Además, cuando al votante progre le ofrecen votar entre un progresismo de izquierdas y otro de derechas, siempre escoge el primero, porque es el genuino, más venenoso que ningún otro progresismo.

¿Que qué entiendo por progresismo? Lo que es: abajo los curas y arriba las faldas. De las ideologías hamos pasado a lo que Dalmacio negro bautizó como bio-ideologías. Es decir, hemos pasado de cintura para arriba a cintura para abajo. El progresismo ha florecido mucho más en esta segunda fase que en la primera.

Aclaración: recristianizar el PP no significa que sus dirigentes se hagan muy píos sino que adopten la cultura cristiana, la que ha forjado Occidente y la que forjado la democracia y las libertades. Aunque recuerden que nadie da lo que no tiene.

En todo caso, quédense con lo primero: hay una crisis en el PP. Feijóo es poco líder: Ayuso y Moreno lo son mucho más, pero ninguno de los tres -un poco, sólo un poco, la segunda- representan un gran cambio respecto a un PP que lleva 25 años, desde que se descristianizó, haciéndose el progre.

El proceso pepero de conversión al progresismo lo inició Aznar y Rajoy lo llevó al límite: desde hace 25 años, el PP no gana elecciones, ni tan siquiera cuando consigue mayoría absoluta. Es el PSOE el que las pierde, cuando ya no puede ocultar sus barbaridades.