Donald Trump mantuvo el viernes una bronca en directo, ante las cámaras, contra Volodimir Zelenski. El presidente norteamericano pudo evitarlo pero no ha querido, provocando el estupor mundial. El ucraniano se va de la Casa Blanca sin acuerdo después de que Trump le acusara de que su actitud puede provocar una III Guerra Mundial.
¿Y ahora qué? Pues ahora Estados Unidos tiene la opción de dejar de proteger a Ucrania pero eso sí que sería una paz ganadora para Putin... o que prosiga la guerra.
Vamos con el otro bando: Putin es cristiano, es occidental. Una mala bestia, si quieren, pero cristiano, tan ruso como Crimen y Castigo o como Los hermanos Karamazov, con ese cristianismo estepario que prefiere pecar y luego arrepentirse que evitar cambiar la norma para asegurar que no ha pecado. De Rusia debió salir aquello de que mejor es pedir perdón que pedir permiso.
El Nuevo Orden Mundial (NOM) pretende otorgar a Putin el título de principal enemigo de Occidente, muy por delante, incluso, de los dos mayores tiranos del mundo, Xi Jinping y Narendra Modi, por delante de los fanáticos islámicos o de algunos líderes blasfemos americanos, entre los que incluyo al payaso siniestro de Nicolás Maduro o al vengativo Lula da Silva.
¿Y esto por qué? Porque tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, el Nuevo Orden Mundial (NOM) cuyo responsable último, naturalmente, es Satán, decide abandonar el marxismo, una ideología que ya tenía mala venta, y cambia la lucha de clases por la lucha de sexos, al tiempo que se apunta a las bio-ideologías: mantiene el presunto ideal de la justicia social pero sobre todo vende 'gender' y 'woke': aborto, homosexualismo, transexualismo, y, no lo olvidemos la ideología que más ha cundido, el panteísmo: adoración del planeta tierra y de la pachamama. Y siempre, siempre, cristofobia. Cada uno de estos nuevos elementos diabólicos modelados a la medida de cada nación y de cada cultura.
Vuelvo al ruso. Putin era el enemigo idóneo de esta segunda etapa del Nuevo Orden Mundial (NOM): se le podía acusar perfectamente de leninista -que ya tiene poco impacto en el siglo XXI- o de fascista, que lo sigue teniendo.
En cualquier caso. Putin pasa a ser el ultra mientras que el NOM es el espíritu de la moderación y la sensatez. Un enemigo ideal para los políticamente correctos, mismamente, la religión que el NOM quiere imponer.
Y todo ello trufado por el nuevo orden de cosas ideológico. El siglo XX fue el siglo del relativismo: nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del cristal con que se mire.
En el siglo XXI el NOM da un paso más: sustituye el relativismo por la blasfemia contra el Espíritu Santo: ya no es que no exista el bien y el mal, la verdad y la mentira: ahora, en el siglo XXI, el NOM ha decretado que el bien es el mal y el mal es el bien, la mentira es la verdad y la verdad es la mentira. El cambio es importante.
Putin no es la quintaesencia del mal. Es el hombre al que Occidente ha expulsado de su seno y que ha reaccionado a la rusa: con violencia. Pero él es occidental, no oriental como lo pueden ser Xi Jinping y Narendra Modi. Esos, y no Putin, son nuestros enemigos pero si expulsamos a Putin de la cristiandad él se refugiará en el panteísmo oriental, el gran enemigo de la civilización occidental.
Naturalmente, la decadente Europa, hoy el mejor exponente del pensamiento de ese Nuevo Orden Mundial (NOM), rechaza a Putin, porque Vladimir cree en algo, y Europa ha pasado de no creer en nada a la mayor inversión de principios de la historia de la humanidad (repito: el mal es bien y el bien es mal), que representa la blasfemia contra el Espíritu Santo, el signo de nuestra época, del siglo XXI.
Hay que hacer que Rusia vuelva a Occidente y hay que entender a Donald Trump que, al igual que Putin, ha comprendido el juego del NOM y, como Vladimir, ha decidido hacerle frente. Putin, a bombazo limpio y Trump con esos modos necolonialistas de los estadounidenses que somos más altos, los más guapos y los más ricos del mundo mundial. Es verdad que, ante el estilo de Trump, la primera reacción consiste en mandarle a freír espárragos, pero tengan paciencia... porque el que tiene razón es él.
Y con Putin ocurre algo parecido. Con una soberbia estúpida, Estados Unidos y Europa han incumplido los acuerdos con Rusia, empezando por el Tratado de Minsk. Las reclamaciones de Moscú no fueron escuchadas y Putin, que es una bestia, invadió a la inocente Ucrania. Y ahí estamos.