No es una poesía de Navidad, es un tratado de filosofía, que versa sobre el origen del hombre y su destino... de lo mismo que trata todo lo que merece la pena ser leído.
Su autor es Antonio Murciano, otro de esos grandes poetas del Franquismo -nació en 1929- a los que no se reconoce, por lo tanto no se les conoce, porque, para muchos progresistas indocumentados (no, no es una reiteración, pero casi) el Franquismo no solo tuvo un dirigente dictador sino unos dictados absolutamente imbéciles. Vamos, que no podía haber poetas en el Franquismo, aunque entre ellos se contara el que ha sido, en mi opinión, el mejor poeta del siglo XX en lengua española, el único clásico de nuestra era: José María Pemán.
Pues bien. Aquí tienen el poema La visitadora, de Antonio Murciano. Es mejor que lo lean a que yo se lo cuente. Sólo apuntaré dos notas: el poema nos sorprende porque esta generación ha olvidado que forma parte de una raza: la raza humana. El otro comentario, al final del poema:
Y es que, si contempláramos a nuestro primeros padres, asegura Chesterton, en un primer momento intentaríamos apartarles de nuestro lado, si acaso con un mohín de temor o incluso de repugnancia. Pero sospecho que de inmediato nos postraríamos de hinojos ante los padres de la raza humana. Con ellos nació la Misericordia de Cristo y de esa Misericordia continuamos viviendo en 2025.
Sería bueno recuperar el sentido de raza y, antes de que algún estúpido sonría estúpidamente por lo de la manzana mordida, le recordaré que, como todo lo referido al "lamentable incidente de la manzana", se trata de una imagen. No nuestra, sino del propio Génesis que nunca habló de manzano alguno sino de dos árboles: "el árbol de la vida", que aún hoy permanece en el enigma, y "el árbol de la ciencia del bien y del mal". Fue de éste último, no de ningún manzano, del que comieron nuestros primeros padres y con ello rompieron su amistad con Dios. Pero ninguno de los dos arbolitos, miren por dónde, estúpido racionalista del demonio, figura en los elencos botánicos donde se describen todas los tipos de árboles existentes.
Sí, estúpido, sí: el Génesis describe una metáfora que, como todas las metáforas, tan solo constituyen una imagen de una realidad. En este caso, una imagen del origen humano y de la providencia divina... que sí son hechos reales. Yo diría que realísimos e insoslayables.
¿Comprendes, mi querido estúpido? Va de Eva y María.