Recogíamos en Hispanidad las palabras de Samuel Vázquez, portavoz nacional de Vox de Inmigración, Interior y Seguridad, cuando explicaba: "Quitamos los crucifijos del cole para convertirlo en laico... y ahora están metiendo menús halal (islámicos) y niñas de 10-12 años tapadas hasta la cabeza".

Pues bien, eso es en resumen lo que reclamaba el Sindicato de Estudiantes, con Coral Latorre (¿30 años y todavía estudiando?) a la cabeza, en la manifestación organizada en la localidad madrileña de Parla en la que exigían que puedan usar el hiyab en las aulas.

Coral

«¡Por unas aulas libres de racismo e islamofobia. Es una vergüenza que intenten encubrir estos montajes racistas en nuestros centros de estudio con una supuesta laicidad. Si tan laicos son, que prohíban la religión católica!», ha gritado antes de interpelar a las musulmanas que allí se han concentrado: «¡Sois vosotras quienes no podéis entrar con vuestro hiyab y ellos sí pueden hacerlo con cruces y estampitas!». Por eso -ha continuado la arenga de Latorre-, ha pedido que se «prohíba la religión católica» en la escuela pública.

Para responder a Latorre y a los concentrados en la manifestación a favor del hiyab en las aulas y contra la religión católica, sirve perfectamente la intervención de Josema Vallejo, vicepresidente de la Asociación Policía S.XXI: "Cada crucifijo que usted quita de la pared es sustituido por un nikab o un hijab. Cada menú halal que usted pone en los comedores es una muestra de religiosidad". "No puedo entender cómo nosotros estamos suicidándonos como sociedad: hay que felicitar las fiestas -en lugar de la Navidad-, porque ofende, hay que quitar el Belén, porque ofende... pero feliz Ramadán". No en vano, Vallejo alude a una invasión cultural disfrazada de tolerancia.

Desde el equipo directivo del centro Nicolás Copérnico de Parla recuerdan además que la prohibición de cubrirse la cabeza “es una norma contenida en el Reglamento de Régimen Interno del centro con anterioridad a 2017, momento en el que el actual equipo directivo accedió al cargo” con un “debate en el seno del claustro y consejo escolar”. En concreto, en su artículo 22, sobre 'Vestimenta y símbolos', el reglamento recoge que “los alumnos no podrán usar prendas de vestir para cubrir completamente la cabeza: gorros, gorras, pasamontañas, pañuelos en el pelo, incluido el hiyab”.

Un argumento que refuerza la Comunidad de Madrid cuando subraya que «no existe ninguna regulación específica sobre el uso del velo islámico» en los centros. La Consejería de Educación de Emilio Viciana ha defendido que los institutos «pueden regular todo lo relacionado con la vestimenta de los alumnos» en su reglamentación interna. Entre otras cosas, se asegura que pueden «impedir que utilicen prendas que cubran la cabeza». No sólo velos, sino también «gorras o pañuelos» si es «en el horario lectivo».

Porque, lo que ocurre es que en el caso del velo islámico no se trata de un símbolo religioso, según muchos estudiosos del islam y no pocos ulemas, sino de una vieja costumbre de las poblaciones árabes. Pero, si se prohíbe como un símbolo religioso, al final, perjudicará a las religiones que sí utilizan símbolos, por ejemplo, la cristiana. Hay varios ejemplos de prohibiciones que afectan a los símbolos religiones: como el caso de la azafata de British Airways, Nadia Eweida, cristiana copta despedida por la compañía porque -al llevar su crucifijo- violaba el reglamento sobre uniformes de la aerolínea” o el de la anglicana Shirley Chaplin, enfermera de un geriátrico, que apeló al Tribunal de Derechos Humanos porque "sus empleadores restringieron el uso que ella hacía de cruces cristinas alrededor de su cuello mientras trabajaba".

Por otra parte, con la prohibición de velos islámicos, niqab o hiyab se está prohibiendo que la persona que lo lleve oculte su rostro e impida así ser identificada por su cara, por una cuestión de seguridad.

A ver si nos entendemos: prohibir los simbolos religiosos no es una medida anti-islámica sino anti-cristiana. Entre otras cosas, porque el Islam es iconoclasta. El pañuelo es una costumbre cultural, no islámica y, además, a nadie se le exige que muestre otra cosa que el rostro, que es lo que identifica a las personas. En cualquier caso, no se engañen: hablamos de una corriente de medidas anticristianas, no anti-islámicas.