Decíamos -mejor, decía- anteayer que, en teoría, en su astuta negociación con el gobierno profanador, había logrado salvar los trastos: no derribarían la Cruz más grande del Mundo y no se desacralizarían la Basílica ni expulsarían a los monjes benedictinos del Valle de los Caídos.

El nuevo ministro de Presidencia y Justicia, don Félix Bolaños, conocido en Moncloa como "El Bolas" se conformaba con la expulsión, por parte del propio Vaticano y con la aquiescencia del obispo de Madrid, José Cobo, del prior Santiago Cantera, por franquista, como no dejó de destacar el Bolas, enarbolando el destierro de este fraile, santo y sabio, de Cuelgamuros.

Pues bien, el Ministerio de Vivienda (ver documento adjunto), sí no es coña, de doña Isabel Rodríguez unido, como no, al Ministerio de Memoria Democrática, del casualmente masoncete, ministro Ángel Víctor Torres, ha emitido ya su orden para poner en marcha el museo de "Resignificación" de la basílica católica del Valle de los caídos.

Ahora observen la foto adjunta: a la basílica de Cuelgamuros se entra por una especie de medio tubo gigante que termina en el altar mayor: ¿Cómo va a partir ese espacio el Ministerio de Memoria Democrática para dar lugar a su museo de las mentiras, al tiempo que permite las ceremonias litúrgicas: en la parte derecha consagración y en la izquierda profanación?

No estamos ante el acuerdo para un uso conjunto: sacramentos y resignificación: estamos ante una profanación de una basílica católica.

Y no lo duden, en el espacio resignificador, donde forenses pagados por el Gobierno ya llevan muchos meses profanando a los muertos, acabarán introduciendo -qué se apuestan- el satanismo, supongo que en nombre de la diversidad. Es en ese momento cuando habrá que oponerse físicamente.

Y no lo duden, toda esta salvajada, será perpetrará Sánchez en nombre de la diversidad.

Monseñor Parolin -que no viene de panoli- y monseñor Cobo -que no viene de cubo-, supongo que ambos con toda su pacificadora buena intención, se lo han puesto en bandeja a Moncloa y han jugado el papel de tontos útiles que, encima, celebran el acuerdo con una visita del arzobispo de Madrid a la abadía benedictina para explicar su gran 'logro'. Menos mal que los frailes tienen voto de obediencia.

Y esto es bello e instructivo, porque, así, este gobierno blasfemo podrá presumir de que la profanación sanchista de la basílica del  Valle de los Caídos se ha hecho en pleno consenso con el Vaticano.