El 2 de abril de 2005 fallecía Karol Wojtyła, el Papa Juan Pablo II que, como anunciara previamente el heróico cardenal Stefan Wyszyński, "el hombre que conducirá a la Iglesia hasta el siglo XXI". Y así fue.
Vosotros pensáis que me harán invisible este póst?#mi❤️conCristo https://t.co/zg63CCJGfP
— ladyblue (@MariaMu24417972) April 2, 2025
No cabe duda de que existe un antes y un después en la iglesia contemporánea de Juan Pablo II. Comenzó su pontificado con un mensaje de tres palabras: "No tengáis miedo". Y para dar ejemplo dio la vuelta al mundo visitando todo tipo de países, hasta tal punto que los periodistas le calificaron como "huracán Wojtyła". Y así, durante 27 años de papado, el tercer pontificado más largo de toda la historia.
Fue uno de los más grandes filósofo y teólogo del mundo contemporáneo. Resucitó la fenomenología o resurrección del realismo filosófico, después de tres largos siglos de idealismo kantiano. Además de sacudirse los complejos de inferioridad del cristianismo propios del siglo XX, Juan Pablo II, en sus ratos libres, terminó con el comunismo polaco y, por el mismo precio, en una onda expansiva que recorrió toda Europa, 11 años después de ser nombrado Papa, caía el Muro de Berlín.
Además, Wojtyla resucitó la doctrina cristiana con su obra más egregia, el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, de 1992. Muerto el comunismo, el marxismo adoptó su nueva careta, en forma de ideología de género, que llegaría a la nausea en el actual siglo XXI.
Pues bien, aunque ya no le tocó vivirlo, se considera que la llamada Teología del Cuerpo, de Juan Pablo II, es el mejor y más profundo compendio de la concepción cristiana del amor humano, que, por hacer un resumen muy poco riguroso, podríamos recordar su famoso concepto sobre la relación entre hombre y mujer: ni sometimiento de la mujer al varón, ni sometimiento del varón a la mujer. Wojtyla hablaba de sumisión recíproca.
20 años sin Juan Pablo II y algunos le seguimos echando de menos.