
Decíamos ayer que si no puedes integrar al inmigrante no puedes dejar pasar al inmigrante. El estado natural de las fronteras en el mundo deben ser de apertura total. Ahora bien, lo que no debemos ni podemos hacer es ingeniería social: traspasar a la gente, por millares de un lado a otro del mundo, porque su mundo de origen se desertiza y su mundo de llegada estalla, por falta de medios.
Y decíamos también que la Iglesia no puede mentir, ni tan siquiera para aparentar mayor clemencia. Los obispos tienen que responder a la doctrina de la Iglesia que tampoco es tan difícil de aplicar en el apartado de la inmigración:
1.Al migrante hay que recibirle con los brazos abiertos... y al mismo tiempo exigirle que respete al país que le acoge, empezando por su religión y siguiendo por sus mujeres, ninguna de las dos respetadas por el inmigrante musulmán, por ejemplo.
2.Moviola: no debes acoger a quien no vayas a integrar. Si un inmigrante no conoce el idioma y no le ayudas a conocerlo... pues no podrá encontrar un trabajo y tendrá que robar para sobrevivir.
Y reconocer sólo estos dos elementos, no es racismo: es decir la verdad. Recuerde que el bien nunca se puede defender con la mentira.
Lo que no vale es el sistema Marlaska: acojo a todos en Canarias, luego les suelto por toda la geografía española y allá cada cual, que se las arreglen.
Otrosí: no, los migrantes no son la solución para la España vaciada ni para las pensiones, la solución es tener hijos, que no los tenemos por egoísmo. Por ejemplo, el salario maternal es un paso importante para aumentar la natalidad. Además, el inmigrante difícilmente va a poder financiar un sistema público de pensiones quebrado. Pasará una generación, por lo menos, antes de que pueda financiar las pensiones.
En este punto llegamos a las últimas declaraciones de Monseñor Argüello. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, se ha ofrecido como mediador entre el Partido Popular y el Partido Socialista para lograr que se lleve a cabo una regularización extraordinaria de medio millón de migrantes: "Queremos promover una alianza social que lleve la esperanza a quienes están excluidos de la regularización".
Una cuestión, la migración masiva, sobre la que ya se pronunció en su día el cardenal Sarah, en estos términos: “La Iglesia no puede colaborar en esta nueva forma de esclavitud que es la migración masiva”.
Como católico este discurso me lleva a varias reflexiones:
— Samuel (@guidoprincesa) March 31, 2025
1- Si no fuera por la ropa, nadie sabría si está hablando un obispo o un político.
2- Es un discurso tan pueril que asusta en boca de alguien con tanta responsabilidad. No tiene ni el más mínimo conocimiento de las… pic.twitter.com/ccOfhl7SFY
Sobre las mafias de la inmigración y sobre la inmigración misma como la nueva esclavitud el siglo XXI alertaba, precisamente, en Hispanidad, Samuel Vázquez, el portavoz de Portavoz Nacional de Asuntos de Interior, Seguridad e Inmigración de Vox, quien nos dejaba frases como esta: "A quienes viajan en esas pateras, que son, por otra parte, la mano de obra más fuerte que podría ayudar a levantar sus países de origen, hay que ayudarles a que no se tiren al mar. A que no lleguen a sus destinos y sean transportados por tren o en avión a otros lugares y tratados como reses, como mercancía, argumentando que es por humanidad. "Como católico y como cristiano, me niego a admitir que eso es humanidad". Esas personas representan la nueva esclavitud del S.XXI.