Hace unas semanas contaba Pablo Ferrer en Hispanidad que la multinacional abortista Planned Parenthood había eliminado todo su contenido de Instagram. Lo que nos hace plantearnos el giro provida que ha sufrido Estados Unidos desde que Trump ocupa la Casa Blanca. O tal vez lo haya que plantearse ha sido lo contrario: el giro provida de la sociedad es lo que le ha llevado a ganar las elecciones. Y es que poner el aborto en el centro de la campaña no hizo que Kamala Harris ganara las elecciones.
En este giro de relato nos encontramos con otra sorpresa: un reportaje de The New York Times, diario proaborto, criticando a Planned Parenthood.
"Atención fallida y personal cansado: Planned Parenthood en crisis", titula el medio, y no deja de ser curioso que precisamente The New York Times, medio defensor del aborto, aseste tal golpe a la mayor red de abortorios del mundo. El reportaje se nutre de demandas judiciales, documentos internos y entrevistas a ejecutivos, asesores y médicos que no dejan en muy buen lugar a Planned Parenthood.
En el artículo se demuestra que, pese a la narrativa del gigante abortero, la financiación del aborto es su principal fuente de ingresos. Y es que casi todos sus fondos se destinan al aborto. Teniendo en cuenta que el aborto es un negocio más que lucrativo, ¿de dónde procede esa crisis económica que denuncia el medio?
En el New York Times lo tienen claro: el dinero se ha derrochado financiando objetivos políticos. Desde la sentencia que anuló Roe contra Wade, Joe Biden y su Administración les ha concedido 498 millones de dólares, los cuales Planned Parenthood los ha destinado "a la lucha legal y política para defender el derecho al aborto".
La oficina central de la red de abortorios repartió 899 millones de dólares entre sus clínicas afiliadas en los últimos cinco años, pero ni un sólo dólar fue destinado a servicios médicos: por ejemplo 40 millones fueron destinados a promover la elección de candidatos proabortistas, es decir a promover a candidatos demócratas. Mientras tanto, esos centros pedían a la central suministros sanitarios, los cuales les eran negados porque no se podía afrontar el gasto.
Si a este despilfarro se suman las numerosas denuncias por fraude que acumula la red de abortorios, el cierre obligado de muchas clínicas gracias a las medidas provida y el corte de financiación de Medicaid con la llegada de Trump, el panorama económico se presenta muy negro para Planned Parenthood.
El reportaje también destapa las malas condiciones laborales de los trabajadores: bajos salarios, impagos, empledas despedidas por pedir baja maternal, despidos por cuestionar ciertas prácticas, presiones para incrementar el volumen de pacientes y baja cualificación del personal.